Primero hay que reconstruir el hecho completo.
En causas vinculadas con violencia, unos pocos segundos pueden cambiar la interpretación jurídica. Importan el inicio del conflicto, las conductas de cada persona, la posibilidad de retirarse, la presencia de armas u objetos, las lesiones constatadas y lo que ocurrió inmediatamente después.
Antes de definir una posición conviene separar lo que se sabe, lo que surge del expediente y lo que todavía debe probarse.
Qué evidencia puede ser relevante.
- Videos de cámaras públicas, privadas o teléfonos.
- Informes médicos, fotografías y pericias sobre lesiones.
- Mensajes, audios o comunicaciones previas y posteriores.
- Testigos que hayan visto hechos concretos.
- Actas policiales, secuestros de objetos y pericias.
Si existe una hipótesis de legítima defensa u otra explicación jurídica, primero hay que comprobar que los hechos y la evidencia realmente permitan sostenerla.
Qué conviene reunir antes de consultar.
Además de cualquier citación o dato de la causa, es útil anotar una cronología breve con lugares, horarios y personas presentes. Si existen videos o archivos, conviene preservar los originales y evitar editarlos o reenviarlos de forma que se pierda información.
Qué cambia cuando la investigación es grave.
Cuanto mayor es la gravedad del hecho investigado, más importante resulta conocer rápidamente las medidas ya dispuestas, la situación de libertad, la evidencia incorporada y los próximos actos procesales. La estrategia debe ajustarse a lo que efectivamente existe en el expediente.
Cuándo no conviene esperar.
Una persona detenida, un allanamiento, una orden pendiente, una declaración inminente o una medida urgente requieren otro nivel de respuesta. En esas situaciones conviene pasar directamente por la guardia penal.
